Padre Pro

“God has mercy. I don’t.”

Machete, 2007

Vida Humana

Próctoro Benavente nació en Ciudad Posmoderna, hijo de una familia de ateos acaudalados. Desde joven mostró un interés por la Iglesia Católica, lo que causo que sus relaciones con el resto de su familia se deterioraran. Para agravar el asunto, tenía una afinidad casi sobrenatural por la religión. Después de conseguir un doctorado en teología a los 20 años, decidió entrar al seminario para volverse sacerdote. Este acto marcó el fin definitivo de su relación con su familia, ya que sus padres lo desheredaron y nunca le volvieron a dirigir la palabra.

Próctoro de nuevo demostró su genialidad al ser ordenado sacerdote tan solo 6 meses después de entrar al seminario. Considerado por todos sus maestros sacerdotes como el seminarista más prometedor en décadas, Próctoro fue enviado directamente al Vaticano tras su ordenación. Ahí paso años practicando sus deberes religiosos con los sacerdotes más importantes y experimentados del mundo.

Finalmente, Próctoro fue llamado ante el Colegio Cardenalicio. Le ofrecieron cualquier puesto en cualquier iglesia del mundo. Próctoro no dudo en responder. Eligio convertirse en párroco de la Iglesia del Santo Cristo Redentor Salvador Crucificado Revivido y en la Gloria. La elección de Próctoro causo murmullos entre los cardenales. Esta iglesia era una parroquia diminuta, en uno de los peores distritos de Ciudad Postmoderna, abandonada por años ya que se consideraba un área demasiado peligrosa. Sin e1mbargo, el Colegio le había prometido cualquier puesto que quisiera, así que su deseo fue otorgado.

De esta manera, Próctoro regreso a su ciudad natal después de una ausencia de casi 15 años. Próctoro inmediatamente comenzó la restauración de la ISCRSCRG. Los problemas iniciaron casi inmediatamente. Vándalos y pandilleros atacaban la iglesia, robaban cualquier objeto de valor e incluso amenazaban y asaltaban a los creyentes que acudían a misa. Próctoro acudió primero al arzobispo de Ciudad Posmoderna, Santiago Cienfuegos. El arzobispo se rehusó a cooperar con Próctoro, ya que a su consideración la ISCRSCRG era un caso perdido. Próctoro acudió entonces a las autoridades, pero la policía en este barrio estaba corrompida por los delincuentes en su totalidad. Sin soporte más que de algunos de los pocos fieles que acudían a su parroquia, Próctoro lentamente comenzó a perder la esperanza.

Erupción

Todo cambio una noche. Próctoro fue interrumpido durante sus oraciones nocturnas por los gritos de una mujer. Próctoro inmediatamente fue a investigar. La escena que descubrió en el callejón al lado de su iglesia sería una que nunca olvidaría. Una banda de rufianes brutalmente golpeaba a un niño de no más de 10 años de edad, mientras sujetaban a la madre y la forzaban a observar. En ese momento, impotente y desesperanzado, no tuvo a quien más dirigirse que a Dios mismo, e implorarle que le diera las fuerzas para hacer una diferencia. La respuesta no pudo haber sido más directa.

En medio de un resplandor celestial apareció Jesucristo mismo, quien dijo:

“Hijo mío, tu fe es más pura que la de cualquier otra persona en esta Tierra. Por eso, te concederé el poder necesario para que defiendas a los débiles, para que castigues al mal, para que luches contra la injusticia donde sea que se encuentre. Ahora, usa el poder de la Biblia Llameante, y con su fuego divino purifica este mundo maldito por el pecado, y la verga.”

Dicho esto, desapareció.

Próctoro, infundido de conocimiento sagrado, tomo su biblia, y la lanzo directamente hacia el líder de los pandilleros. La biblia golpeo certeramente la cabeza del pandillero, vaporizándolo de la cintura para arriba. El resto de los rufianes, al ver esto, huyeron despavoridos. La mujer inmediatamente corrió hacia su hijo, pero era demasiado tarde. Estaba muerto. En las semanas siguientes, Próctoro dedicó sus días a encontrar a todos y cada uno de los pandilleros de esa noche y juzgarlos como había juzgado a su líder. Fue solo al terminar con esta sangrienta pesquisa, que se puso a pensar en que haría con este poder que Dios le había dado.

Buscando consejo, se dirigió al arzobispo Cienfuegos. El arzobispo, horrorizado por la historia que escuchaba, excomulgó al Padre Benavente por herejía. Próctoro recurrió a la poca influencia que le quedaba de su larga estancia en el Vaticano, para que el Papa mismo escuchara su historia.

El Papa convoco al Colegio Cardenalicio a una reunión secreta para determinar cómo manejar la situación. Después de que Próctoro demostró sus poderes y se comprobó que no había ningún truco, la decisión fue tomada. La Iglesia no podía públicamente apoyar a Benavente, dado que era un vigilante que mataba sin piedad. Sin embargo, se revirtió la excomunión y se le exigió a Próctoro que ocultara su identidad. Así, Próctoro Benavente se convirtió en el Padre Pro.

Vida Postnormal

Ya han pasado varios años desde el surgimiento del Padre Pro. Próctoro ha abandonado casi por completo sus deberes como párroco. Volviéndose cada vez más radical, el Padre Pro considera que aquellos pecadores que hieren a otras personas no merecen piedad alguna. Armado con nada más que la Biblia Llameante y su vieja motocicleta, sale por las noches a buscar criminales que juzgar. El veredicto es siempre el mismo.

La Iglesia Católica niega públicamente la existencia del Padre Pro. Tan solo los cardenales y el Papa mismo conocen de la existencia del Padre Pro. En lo particular, al arzobispo Cienfuegos no le cayó en gracia que Benavente haya conseguido que se revierta su excomunión. Le tiene un gran odio al Padre Pro y lo considera un hereje, pero no interfiere directamente para no arriesgarse a ser castigado por el Papa.

Padre Pro

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